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Cristiano se marcha como leyenda

Se marchó Cristiano Ronaldo del Real Madrid, contando goles, títulos y una romántica historia de amor, que nadie en esta época y en las futuras, podrá olvidar. El astro portugués cimentó su prestigio en la persecución incansable e insaciable de objetivos grupales, que casi siempre le hicieron merecer galardones individuales.

Fue el mejor de la plantilla durante nueve años, nadie le hizo sombra y nadie se atrevió, no por falta de ganas, nadie tuvo la capacidad de jugar partido tras partido con esa hambre de marcar goles y esa sed de triunfo que le distingue, incluso cuando las cosas no iban muy bien. Con el permiso de Di Stéfano, Ronaldo sembró con su marcha, la enorme duda de quién ha sido el más grande jugador que ha defendido la casaca blanca y déjenme decirles, la pugna está cerrada.

Desde que llegó y hasta que se marchó del conjunto merengue, Ronaldo fue honesto con la institución, los fanáticos y consigo. Prometió encumbrar al club, devolverle la gloria que había perdido en la Liga de Campeones, ganó cuatro y tres de forma consecutiva, en cada una de estas fue máximo goleador, ganándole la batalla individual al argentino Lionel Messi, también lo despojó de cuatro balones de oro. Creo fervientemente que defraudó al fisco y tendrá que saldar su cuenta.

Cumplió

No obstante, sin ánimos de justificarlo, al igual que otras estrellas deportivas, su error fue dejarse mal asesorar y moverse en un terreno que no domina, lo suyo es contar goles y ganar trofeos. Punto y aparte, insisto, Ronaldo fue honesto: llegó al Santiago Bernabéu con la ilusión de convertirse en el máximo referente del club madrileño, sedujo a los fanáticos merengues alrededor del mundo y les cumplió con creces. Y así como llegó, se marchó, dejándole claro a todos que recalaría en otro club, al sentir que su ciclo en el Real Madrid se terminó.

Y no fue porque su nivel futbolístico haya descendido o por falta de ambición. De hecho, al exponer su interés de ganar un salario anual superior a los 30 millones de euros, consciente de que los vale, Ronaldo sacudió el área administrativa del equipo, pues ya no se trata de un jovencito de 24 años, sino de una estrella de 33 primaveras, que pese a su incomparable forma física, tocó el techo de sus capacidades y detrás de él viene una camada de jugadores en plena evolución, que prometen rentabilidad deportiva y sobre todo, económica en temas de marketing: los Neymar, Mbappé, Hazard y el propio Vinicius Jr., que pronto aterrizará en el campamento merengue.

Prestigio intacto

La decisión de Florentino Pérez fue rotunda: le mostró a Ronaldo la puerta de salida, al rebajar su cláusula de rescisión de mil millones de euros a cien, fiel a su política de que el futbol, más que un juego, es un negocio. Que den fe de ello Raúl González, quien “cedió” el número 7 al crack portugués antes de irse del Real Madrid y no precisamente por voluntad propia; o bien Iker Casillas, que entre lágrimas y una amarga despedida anunció su marcha al Oporto, desechado como trapo viejo, después de haberle entregado sus mejores años al club.

A diferencia de Raúl o Casillas, Ronaldo llega a la Juventus de Turín con su estatus de superestrella intacto, las camisas con su nombre y su número se venden desde hace varios días, ganará los 30 millones que pretendía y súmenle premios por goles o títulos alcanzados. El aterrizaje de Cristiano al equipo turinés no solo le dará mayor prestigio a esa institución, también pondrá la Serie A de Italia de cabeza, aún más que Neymar en el París Saint Germain, pónganle sello. Y aun estando en el Calcio, la fanaticada merengue lo seguirá recordando en el Bernabéu, apoyando sobre todas las cosas al madridismo, pero teniéndolo siempre presente, porque ellos, como nosotros, no olvidan a sus héroes.

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