El guacal que detecta cadáveres

Guadalupe López Sequeira es un reconocido curandero de la comunidad Mancotal, en el municipio de Jinotega, al que muy pocas personas conocen por su nombre de pila.

López es popularmente conocido por su guacal, un pequeño recipiente con el que, según dice, es capaz de encontrar los cuerpos de personas que perecen ahogadas y cuyos cadáveres no salen a flote por sí solos.

Este señor se ha convertido en un gran apoyo de los cuerpos de socorro en la búsqueda de víctimas por ahogamiento en esa zona del país, pese a que muchas personas dudan de su técnica.

López llegó sin ser invitado a la comunidad del Chilamate, ubicada en la costa del lago de Apanás, donde cinco personas perdieron la vida incluyendo dos niños de 5 y 7 años, con el objetivo de echarle una mano a los rescatistas. “A mí nadie me invitó, yo vi la noticia y me vine porque yo sé que la gente aquí se mueve para solidarizarse con las familias”, expresó.

Hallazgo

Después de hablar con la familia de las víctimas, don Guadalupe junto a tres familiares de los difuntos se montaron en una lancha. Inmediatamente tiró el guacal al lago. El guacal giró por los al rededores y de repente se quedó estático, por lo que el señor indicó a los buzos que buscaran ahí.

Poco después, a la una de la tarde, uno de los buzos de los comandos de operaciones especiales levantó la mano señalando que había encontrado algo cerca del lugar donde se habían detenido el guacal de don Guadalupe. A la una y siete minutos estaban sacando el primer cuerpo, era Diego Javier Cruz Montes.

“Cuando yo vine los buzos andaban perdidos, estaban buscando por otro lado. Esta técnica no falla, esto lo utilizaban nuestros ancestros para encontrar a las personas ahogadas, solo hay que tener fe en Dios y en nuestra Madre Santísima, ya con este son siete las personas que yo he encontrado con este guacal. Hay casos difíciles como el de Antonio Benavides, pero lo hallamos así”, señaló el curandero de Mancotal.

Después de sacar a la segunda víctima, Magali García Herrera, don Guadalupe se retiró del lugar consciente de la incredulidad de la gente, pero satisfecho por haber ayudado a los dolientes.

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