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Taxistas, ovejas negras

Era un sábado del año pasado, Juana López regresaba de Masaya y tenía prisa por llegar a su casa. Abordó un taxi en la terminal de buses del mercado Roberto Huembes. Ochenta córdobas por el recorrido hasta Unidad de Propósitos le pareció aceptable.

Cuando el vehículo se desplazaba por el sector de Rubenia a López le llamó la atención que el conductor constantemente se llevaba a la boca un vaso que contenía un líquido amarillento.

–¿Don, usted está tomando cerveza?

–Sí. Una por el calor, pero no estoy bolo, respondió el chofer.

López cuenta este episodio como lo peor que le ha tocado vivir a bordo de un taxi, sin poder hacer nada porque había pagado por adelantado el pasaje.

Rosa Garzón, de 23 años y estudiante de Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), también tiene quejas del trato que dan los taxistas. “La mayoría de ellos se aprovecha cuando a uno le urge llegar, ya sea al trabajo u otro destino, sobre todo en la hora pico, te cobran más y muchas veces no te dejan en el lugar donde le solicitaste el servicio”, señala.

Garzón tiene un rosario de quejas: ponen música a volumen alto, son confianzudos, no prestan ayuda con las maletas y se comportan agresivos si el pasajero se queja o les solicita algo. “Me han coqueteado, me han pedido el número de teléfono, (me han dicho) ‘estás muy bonita’; por esa parte es mejor sentarse atrás para que no entren en confianza. Hace un tiempo me tocó bajarme de una unidad porque el conductor me dijo que saliera con él y que iba a cobrarme menos… lo único que noté fue que el taxi no pertenecía a ninguna cooperativa, ya que decía individual. Por la rapidez no tomé el número de la placa, se quedó así”, relató la universitaria.

De la queja a la denuncia

Según Gustavo Ortega, vicepresidente del Instituto Nacional de Defensa del Consumidor (Indec), en el año 2017 recibieron 1,770 denuncias del transporte urbano, de las cuales 770 estaban relacionadas al servicio selectivo.

Entre las principales inconformidades que manifestaron los usuarios son abuso de la tarifa, maltrato a personas con discapacidad, ofensas y exceso de velocidad.

“Hay que recordar que la tarifa es negociada, pero los transportistas se aprovechan en días eventuales como diciembre, Semana Santa o en invierno, y abusan de la necesidad del usuario. En el caso de los discapacitados, los taxistas no se detienen y si lo hacen cobran demasiado por el solo hecho de ayudarles a montarse, los insultos también son muy frecuentes; la presentación o vestimenta también es otro factor, pero en ese caso el usuario debe de tomar sus medidas de seguridad”, recomendó el vicepresidente del Indec.

¿Qué hacer?

Las denuncias se presentan formalmente ante el ente regulador del sector selectivo, “inmediatamente nosotros nos contactamos al Instituto Nicaragüense de Transporte del Municipio de Managua (Irtramma) o bien directamente a la cooperativa si pertenece a una, pero muchas denuncias no se resuelven, porque los usuarios no han aprendido a exponer sus reclamos. No anotan número de placa, ni cooperativa del taxi de donde fueron violentados, así que no hay cómo dar con los transportistas para que sean sancionados”, explicó.

En Managua circulan 12,000 taxis registrados en Irtramma, 4,000 de estos son individuales y el resto está organizado por cooperativas, sin embargo también circulan 3,000 taxis piratas, que no son regulados por las autoridades.

Omar José Miranda, vicepresidente de la Federación Nicaragüense de Cooperativas de Taxis (Fenicootaxi), recordó que en Managua hay una gran cantidad de carros que trabajan por cuenta propia y que las autoridades no controlan, filtrándose la delincuencia y originando inseguridad en el usuario.

Los pegones

“En el caso del usuario afectado, si el taxi es individual puede ir a denunciar a Irtramma, si es cooperado puede dirigirse a la cooperativa, si no se siente satisfecho con la solución pueden dirigirse a Irtramma también, pero en el caso de los taxis piratas, si no lo conduce el propietario, lo puede conducir otra persona y quién lo controla, si las instancias reguladoras no están cumpliendo con sus obligaciones”, cuestionó Miranda.

Fecoonotaxi cuenta con 54 cooperativas afiliadas a nivel nacional, 16 de ellas están en Managua, un total de 1,900 taxis pertenecen a la cooperativa, el 15% de taxis registrados en la ciudad. Miranda asegura que invierten en mejorar la calidad de servicio público, pero admite que sobresalen más las acciones de desorden por falta de control.

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“Nosotros como federación tenemos un Comité de Educación, en donde estamos invirtiendo como prioridad que los servidores públicos tengan un buen comportamiento, realizamos foros, capacitaciones y hay sanciones por faltas que pueden ser desde 3 días hasta 3 meses sin trabajar, dependiendo de la gravedad”, aseguró Miranda.

Los consultados también coinciden en que los operarios de taxis, en ocasiones, también son violentados.

“Los transportistas tienen desventajas, porque también los insultan, los asaltan, en ocasiones no les pagan y ellos a quiénes van a denunciar, si no conocen al usuario, no tienen placa, ni nombre que tomarles, pocos de ellos tiene resultados”, manifestó Ortega.

María Gutiérrez manifestó que ella antes de abordar un taxi “echa un ojo a cómo anda vestido”, para no volver a pasar por algo desagradable.

“Una vez me subí con un hombre joven e iba adelante y parece que tenía días sin bañarse, salía el hedor a patas, y le dije que se detuviera que iba irme atrás para no llevar el cinturón, no sé si entendió, pero andaba barbudo, en fin dije que no me volvería a pasar”, recordó la pasajera.

La experiencia de Migdalia Tórrez fue que un taxista la ofendió porque le “dio mala espina” y prefirió no abordar su unidad. “Ese hombre me dijo hasta de lo que iba a morir en un ratito”.

Emilia Calderón, de 33 años, dice que para evitar malas experiencias aborda taxis conducidos por personas mayores que “se ven presentables”.

Freddy Rojas, de 35 años, califica a los taxistas como “tamales (deshonestos), aprovechados y vulgares”. Según el joven, una vez un taxista le robó una maleta descaradamente.

Lo ideal

Recientemente, el comisionado Alejandro Rivera, jefe departamental de Tránsito de Ocotal, sugirió que los taxistas dejen de salir a trabajar vistiendo camisolas, short y chinelas.

El jefe policial agregó que han recibido muchas quejas, porque los choferes hasta “fuman dentro (de la unidad), tiran las puertas y contestan mal al usuario”.

El jefe de tránsito mencionó que hay taxistas que les niegan el servicio a las personas de la tercera edad o con discapacidad. Entre otras situaciones, criticó que se aparcan en cualquier lugar, no guardan la distancia y obstaculizan el libre tránsito en las vías.

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