Policía torturado hasta morir

Fátima Vivas Tórrez rechazó el resultado de la autopsia que le entregó el Instituto de Medicina Legal (IML), donde se asegura que su hijo, Faber López Vivas, murió por un disparo en la cabeza, porque con el apoyo de un médico revisó el cuerpo y comprobó que no tiene ningún orificio de bala en la región craneal.

“Mi hijo no murió de ningún impacto de bala, a mi hijo lo torturaron y los únicos que aquí torturan son los policías en El Chipote”, aseguró vía telefónica Fátima Vivas, minutos antes de iniciar el sepelio de su hijo, quien era policía.

Vivas Tórrez ha culpado a la institución policial por la muerte de su hijo, la que supuestamente ocurrió el pasado domingo en Diriamba, municipio de Carazo.

“A mi hijo (Faber López) le fracturaron el dedo medio de la mano derecha y le arrancaron la uña”, aseguró, además le encontró señales de golpe en la espalda.

El médico contratado por la familia del joven también encontró escoriaciones (raspones) en el hombro derecho de la víctima, lo que hace presumir a la madre, que su hijo fue torturado y arrastrado por sus victimarios.

¿IML mintió ?

En una nota de prensa publicada por el IML el pasado lunes en la página web de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), aseguran que el oficial Faber López Vivas murió a consecuencia de un impacto de bala en la cabeza.

Las suspicacias en torno a las circunstancias en la que murió el oficial Faber López comenzaron desde la noche del domingo, cuando según su mamá, después de llamar varias veces a la Policía le dijeron que su hijo lo que tenía era un impacto de bala en una pierna.

El deceso del joven policía se produjo solo dos días después que él comunicó vía telefónica a su mamá que le habían rechazado su solicitud de baja de las filas policiales (donde sirvió tres años) y que por el contrario fue amenazado de muerte. El agente Faber López Vivas habló con su madre por última vez el viernes, cuando él acababa de participar en la denominada “operación limpieza” que realizaron fuerzas policiales y parapoliciales en el barrio Sutiaba de León. Su deceso ocurrió en Carazo. En su momento la Policía atribuyó su muerte a delincuentes y prometió investigar.

Lo arrastraron ya muerto. Fue la policía”

Con 16 años peleó por la revolución en las montañas de Nicaragua. Allí vio morir compañeros y perdió una pierna por un proyectil RPG-7. Pero nada es comparable. No hay un día que Álvaro Gómez no haya llorado desde que mataron a su hijo el pasado 21 de abril. Su hijo, de 23 años y llamado como él, trabajaba en una fábrica y estudiaba Finanzas.

Murió en una barricada en Monimbó, tres días después de estallar las protestas contra una reforma al Seguro Social, que derivaron en el reclamo de la salida del poder del presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo.

“Cuentan que lo agarraron, lo golpearon y le pegaron un balazo en el pecho. Lo arrastraron ya muerto. Fueron policías. Cuando me avisaron, no me impacté porque pensaba que mi hijo estaba trabajando. Fui a ver a la morgue: Era él”, relata con la voz entrecortada.

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